Si el estudio no cambia a la persona..., es tiempo perdido. Entrar a estudiar sin sanarse es entrar como una piedra al agua. Mi propuesta es que hay que llevar ambos procesos simultáneamente. Dado que nuestro mundo, nuestra sociedad no solo necesita personas ilustradas sino también personas equilibradas, sanas, evolucionadas.
jueves, 22 de diciembre de 2016
miércoles, 21 de diciembre de 2016
lunes, 19 de diciembre de 2016
Jlfg – pág. 411
(Las
promesas) El que hace no tiene necesidad de prometer mucho…, porque sus hechos
hablan más que las palabras. En realidad, estamos llenos de prometedores y escasos
de hacedores. La coherencia y consecuencia
son necesitan de portadores para estar presente en el mundo.
Las
guerras no las crean los habitantes del lugar; las inventan poderes que viven
de eso...
La guerra es un ejemplo de la racionalidad y de la
insensibilidad del ser humano: que puede llegar a ser ángel o demonio… Todo se
aprende. Y ¿de qué sirve ser racional si no alcanza a ser es sensible?
(Seres
sociables) Es cierto que tenemos el
potencial para ser seres sociales…, pero hay que aprenderlo para practicarlo.
Hay muy pocas escuelas funcionando para este fin. De las más importantes, han
profanado su misión. Y las consecuencias si bien no las verán, otros las sufrirán.
(El individualismo)
La unidad hace la fuerza… por eso se pone tanto dinero en sembrar el
individualismo, porque de allí nace la competencia…, y al final, termina imponiéndose
la ley del más fuerte. O sea, lo que menos se desea es la unidad del género
humano. Individualizado: se le puede controlar; unido, es imparable.
(Los
mitos) El error consiste en conformarse con repetir los mitos; olvidando que la
utilidad y significancia de los mitos es su actualización y reproducción de lo
que proponen en la vida actual. Por ejemplo, la Navidad: ¿sirve para algo
recordarla? ¡Cuando lo que se necesita es que sea actual, que hoy se realice en
uno. Se trata de renacer y entrar a la dimensión de lo humano.
(Las
leyes) La sociedad vive creándose leyes…, peo no serían necesarias si cada
quien aprendiera a hacer uso de su
libertad, responsablemente. Cuando esto se olvida o se tira por la borda…, no
hay leyes que lo remedie, porque la pillería se multiplica y se generaliza.
(El
lenguaje) El lenguaje de Dios no es por palabras sino por acciones. ¿Qué tal si practicáramos ese lenguaje entre
nosotros? Desparecerían, en primer lugar, las mentiras, las falsas promesas, la
adulación, los malos entendidos… y todas sus consecuencias.
sábado, 10 de diciembre de 2016
viernes, 9 de diciembre de 2016
Jlfg – pág. 404
La dependencia de
cualquier género es debilidad e innecesaria. El discurso sano y honesto consistirá
en fomentar siempre la libertad y la autonomía de sí mismo y de las demás personas…
esto se vuelve casi imposible dado los paradigmas que se han creado para fines bien
determinados.
Siempre hacer lo
correcto no es lo más fácil; por eso, muchos prefieren ignorar que es lo
correcto para no verse cobardes frente al desafío. Sin embargo solo quienes
recorran aquel camino podrán mirar a los ojos a sus hijos y a su generación.
El mentiroso cada
vez que se ve que va a ser descubierto, inventa otra mentira… y así, su actuar
se convierte en una maquinaria de inventar subterfugios que no se los creen ni ellos mismos. La práctica de la
mentira solo tiene comienzo, pero no conoce final.
Todo conocimiento
es relativo en cantidad y calidad. No poseemos la capacidad de acceder a lo
absoluto e inmutable. Pero muchas veces, apelando a mil excusas pretendemos
conocer e imponer las propias verdades a los otros; lo cual es inviable,
inadmisible y perjudicial para todos.
El arte de
distinguirse sin pasar a llevar a los demás es un arte de pocos, porque la mayoría
asocia su destacarse con opacar a los demás. Entonces, ¿de qué sirve contar con
distinguidos que no incluyen a nadie (que no son solidarios). Y la solidaridad
no consiste en dar sino en recibir al otro.
El compasivo no
teme; el intransigente le teme a todo.
Porque el que hace de la imposición su afán, asocia la fuerza y la
violencia sus dos brazos; y se autoconvence que todos son sus adversarios y que
tiene que convertirlos en victimas… Pobre destino del que no aprende a
transigir.
¿Cómo se pretende
pensar si no se lee? Y ¿Cómo se pretende leer sin comprender? Esto que en algún
tiempo fuera absurdo hoy ha pasado a ser casi lo normal. Por eso, quijotes son
soy quienes leen y comprenden.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Jlfg – pág. 401
Es un error muy
frecuente identificar éxito con realización personal; pero muchas veces, aquel
hace añicos a este. Hay éxitos que acaban con la persona, la vuelven tosca,
insensible, ciega y sorda a la realidad… ya no ve más que adversarios.
Las ciudades modernas son lugares construidos con criterios comerciales
pero poco o nada humanos… Consecuencia, que los más extraños allí son
precisamente los seres vivos; prácticamente todos asfixiándose y extinguiéndose
entre múltiples enfermedades.
Si desde un principio se toma la vida como una ventura y no como una
aventura…, las consecuencias son sideralmente diferentes. Prácticamente desaparecerá
de su mente el espíritu de destrucción y aniquilación que prácticamente pareciera
que algunos es lo único que saben hacer.
Cuando el profesor se centra en la persona y no en el puro saber,
entonces pasa a ser maestro. No solo humaniza sino también se humaniza. Y así,
la educación, recién comienza a servir a la sociedad.
En todo lo que hagamos lo que se necesita es una pisca de buena intención,
así la suma de miles y millones, producirá caudalosos ríos que regaran toda la
tierra, y los desiertos se transformaran en vergeles. La intención es buena
cuando solo hace y quiere el bien del otro.
Cuando la vida se identifica con un permanente aprendizaje, entonces,
todo cambia de ritmo y de color. Desaparecen los dogmatismos y los “yo lo se
todo”, o “las cosas se hacen así porque yo lo digo”… o sea, florece la gran
virtud de la humildad: la base para construir sobre verdad y sobre montañas de
mentiras.
El éxito es bueno solo cuando es de todos; y es perverso y dañino cuando
es solo de uno o unos pocos. Precisamente la tragedia de nuestros días es que
el éxito solo es de unos pocos, quienes han perdido la razón y se creen más que
dioses y señores de la tierra y de todo cuanto ella contiene.
martes, 6 de diciembre de 2016
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